Un debate puede
tratar de cualquier tema: político, social, científico, artístico, filosófico,
didáctico, etcétera. La primera finalidad al desarrollar un debate, como ya se mencionó,
es favorecer el intercambio y la generación de ideas y propuestas, así como
motivar a la reflexión. Para quien es invitado a participar en un debate,
significa la necesidad de preparar y sustentar de manera solvente un punto de
vista sobre el tema a tratar. Dependiendo del contexto, en ciertos debates, es
muy importante manifestar habilidades personales como una gran solvencia ética,
una actitud positiva, que poseemos un punto de vista idóneo sobre el asunto, o
que se sabe y se ha realizado amplio trabajo de investigación en relación con
el tema abordado.
Sin embargo, lo
anterior no debe impedir que el participante considere que el debate es una
interacción comunicativa a la que se asiste para escuchar y aprender de las
participaciones y de los comentarios que otros puedan hacer respecto a nuestras
aportaciones. Por eso es importante tomar notas o elaborar una conclusión propia
después del debate, considerando las propuestas de los demás como lo que son:
puntos de vista, aun cuando no estemos totalmente de acuerdo con ellos.
Si a título personal, académico o profesional,
tenemos una cercanía genuina con el tema del debate en el cual participamos,
estas anotaciones y conclusiones nos resultaran muy útiles. Pueden ilustrarnos
sobre que se está pasando en torno al tema, cuáles son sus aspectos polémicos,
innovaciones, prejuicios e ideas erróneas, incluso darnos referencias de nuevas
fuentes de investigación y consulta, es por eso que al debate además de asistir
preparados con nuestras habilidades verbales, debemos llegar con los oídos bien
dispuestos a escuchar.
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